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ENTREVISTA: LOLA MAYENCO, autora de “ALGO QUE CELEBRAR”.

LOLA MAYENCO, autora de ‘ALGO QUE CELEBRAR’:

“Por muy duro que sea nuestro día a día, siempre hay algo de belleza en algún sitio”.

 

Entrevista: Patricio Sesnich Jr.

(Publicada en Diario El Longino de Iquique el domingo 23 de febrero de 2014).

Imágenes y Biografía-Gentileza de:

Lola Mayenco y Marta Rodríguez de Editorial Urano.

Fotos de: Joaquim Torrent.

LA AUTORA:

Lola Mayenco. Esta periodista especializada en arte y antropología es una enamorada de los placeres cotidianos. Por eso pasa su tiempo libre leyendo, escuchando jazz, cocinando junto a su marido y jugando con sus dos hijos pequeños en una casa centenaria desde donde se admira la montaña y el mar Mediterráneo.

 ¿Cómo nació la idea de escribir “Algo que Celebrar” (Editorial Urano)?

Lola: “Mi viaje literario nace a raíz de un viaje físico que inicié hace diez años. Desde hacia un tiempo me perseguía una pregunta que todos nos hemos hecho alguna vez: ‘¿Qué puedo hacer para disfrutar más de la vida?’ y la primera respuesta que se me ocurrió fue que debía hacer más cosas extraordinarias. Por eso dejé mi trabajo y mi casa, me despedí de mis amigos y mi familia, y me subí con mi marido a un avión rumbo a Argentina.

En Buenos Aires conseguimos un pequeño velero que preparamos para poder vivir y viajar en él durante un año sabático. Cruzamos el río de la Plata, visitamos algunos puertos de la costa Uruguaya y recorrimos toda la costa Brasileña hasta el Caribe, en un viaje tranquilo repleto de momentos fantásticos. En las islas de Abrolhos escuché por primera vez el canto de las ballenas; en la bahía de Ilha Grande pesqué atunes deliciosos; vi bailar a los delfines en el archipiélago de Fernando de Noronha; y visité el Atol das Rocas, el único atolón del Atlántico y un auténtico paraíso.

Sin embargo, una noche en que estaba tumbada en cubierta mirando las estrellas, me asaltó la añoranza de detalles aparentemente insignificantes de mi anterior día a día a los que nunca había dado demasiada importancia, como la luz que me inundaba mi dormitorio por las mañanas, hornear un bizcocho en mi cocina, dar un paseo por el parque que queda junto a mi casa o charlar con la vecina. La tristeza que me inundó en esos momentos me permitió entender que, para ser feliz, no hace falta irse al otro lado del mundo ni hacer nada extraordinario. Más bien al contrario: la felicidad es más fácil de encontrar si se saben apreciar de verdad las grandes y pequeñas maravillas de lo cotidiano. Y me puse a investigar cómo lograrlo. Y así nació mi libro”.

La sociedad actual vive acelerada. ¿Estamos los seres humanos rechazando la oportunidad de ser felices y celebrar la vida?

“Lo que creo es que esa aceleración de la que hablas nos impide prestar atención a los prodigios que nos rodean. Salir a la calle con prisas, estresados o absortos en nuestros problemas nos impide poder apreciar la belleza que nos rodea y nos es imposible sentir lo que sentía el escritor G.K. Chesterton, aquello de que ‘La vida no es sólo un placer, sino una especie de privilegio excéntrico’”.

 

Gandhi –y aparece la frase en tu libro- dijo: “El futuro depende de lo que hacemos en el presente”. Es tan sencillo vivir en el presente, el día a día, ¿Por qué le damos tantas vueltas a resucitar y recordar el pasado?

“Yo no creo que sea sencillo vivir en el presente. Todo lo contrario: vivir el aquí y el ahora sin pensar en lo que ya quedó en el pasado ni en un futuro que tal vez nunca llegue es muy difícil. De hecho, los seres humanos llevamos toda la historia tratando de aumentar nuestra capacidad de centrarnos en el momento presente a través de mil y una estrategias.

Las oraciones diarias de los cristianos y los musulmanes, las danzas extáticas de los derviches sufís, el recitado de mantras de los hinduistas, las respiraciones de los yoguis, los movimientos del chi kung y el kyudo, y la meditación budista de la atención plena, también llamada ‘mindfulness meditation’, son sólo algunas de las prácticas que las personas han desarrollado para aprender a vivir con mayor conciencia el presente cotidiano”.

Si sólo tuvieras un día de vida, ¿Qué harías y con quién lo pasarías?

“Dedicaría el día a despedirme de mi familia y de mis amigos. Lo más importante para mí sería poder explicar a cada uno de ellos cuánto les quiero”.

Si tuvieras que ponerle un título a tu vida, ¿Cuál sería?

“Me gustaría morir como la mujer que siempre apreció el rayo de sol que entra en la habitación oscura a primera hora de la mañana”.

El placer de coincidir en esta vida, ¿Con quién o con quiénes ha sido?

“La vida, ya lo escribió Borges, ‘es un jardín de senderos que se bifurcan’. Se suelen recorrer en soledad, pero, a veces, cuando menos te lo esperas, te encuentras con una persona que te toma de la mano y te acompaña durante un trozo de tu camino. De esas coincidencias extrañas, que te hacen dudar de si existe o no el destino, he tenido varias muy significativas en mi vida, pero forman parte de lo que yo considero el reino de lo íntimo”.

¿Quiénes son los invitados de honor en tu vida?

“Mi familia y mis amigos, por supuesto. Pero también personalidades míticas de todas las épocas que me inspiran por sus conocimientos o sus talentos en diferentes campos. Como Salvador Allende y Abraham Lincoln; Buda, Confucio, Jesús y Mahoma; Sócrates, Platón, Epicuro y Rumi; Hipatia de Alejandría, Galileo, Newton, Charles Darwin, Edison, Marie Curie y Einstein; Freud y Jung; Cervantes, Shakespeare, Gabriela Mistral, Mark Twain, Federico García Lorca, Borges, Pablo Neruda y Gabriel García Márquez; Leonardo, Michelangelo, Picasso y Joan Miró; Bach, Mozart y Beethoven; Charles Chaplin y Ai Weiwei, sin ningún orden ni jerarquía”.

¿A qué personas les darías tu más profunda gratitud?

“Mis padres se merecen todo mi agradecimiento. A ellos les debo no sólo la vida en el sentido más literal del término, sino los valores que hoy sigo. Estaré eternamente agradecida por el amor y el apoyo que me han demostrado siempre y por alentar mis pasiones, aunque a menudos éstas me hayan alejado físicamente de ellos”.

¿A qué le temes?

“Como mi sueño es no perder nunca la capacidad de maravillarme ante todo lo que me rodea, me preocupa mucho la ceguera. Mi bisabuelo se quedó completamente ciego después de la Guerra Civil y mi abuela está prácticamente ciega en estos momentos, así que supongo que es normal que tenga tanto miedo a la ceguera”.

¿Con quién compartes el placer de dar?

“Me gusta mucho cultivar el hábito del agradecimiento, de modo que trato de dar las gracias continuamente por cualquier cosa positiva que me pasa en el día a día, por pequeña que sea”.

¿Qué no cambiarías nunca de tu forma de ser?

“Estoy muy agradecida de haber nacido con una enorme curiosidad por todo lo que rodea y de tener unos padres que no sólo no me mataron mi curiosidad cuando era pequeña, sino que además la fomentaron en la medida que pudieron”.

¿Qué te asombra de la vida?

“La vida está lejos de ser perfecta, pero creo que no sirve de nada focalizarse todo el rato en lo malo, en lo que no funciona, en lo que no nos gusta. En cambio, cuando miramos con atención a nuestro alrededor vemos que, por muy duro que sea nuestro día a día, siempre hay algo de belleza en algún sitio y a mí me gusta centrarme en eso. Lo he aprendido de mi padre, un optimista radical, pero también de personalidades como Viktor Frankl, un judío austriaco que sobrevivió al holocausto y que perdió a su mujer y a sus padres en los campos de concentración. A las personas que querían suicidarse, este psiquiatra les preguntaba si no tenían ningún motivo para vivir, por pequeño que fuera. Y cuando, lo compartían con él, les recomendaba que se agarrasen a ese motivo con fuerza. Para él, ese motivo era como una semilla y si la persona la cuidaba, la regaba, la abonaba, la protegía del sol y del viento, pronto crecería y ya no tendría una pequeña semilla, sino un jardín entero.

El científico Albert Einstein decía que sólo había dos maneras de vivir la vida: ‘Una es creer que no existen los milagros y la otra es creer que todo es un milagro’ y yo estoy completamente de acuerdo”.

¿Cuál es tu método para ser feliz?

“Vivir con todos los sentidos bien alerta. Dejar de ir por la vida como sonámbulos o, peor aún, como zombies, y prestar atención a las pequeñas y grandes maravillas de la existencia”.

¿Qué esperas de la vida?

“Tiempo para crear conexiones. Con otras personas y conmigo misma, principalmente”

¿Qué celebración debería quedar en desuso?

“Todas las que falten el respeto. Me estoy refiriendo al ‘Día de la Raza’ (‘Día de la Hispanidad’ en España), por ejemplo”.

¿Tienes planes de venir a Chile –y a Iquique- a promocionar ‘Algo que Celebrar’?

“No conozco Chile, así que me encantaría recibir una invitación al respecto. Pero, ahora mismo, planes no tengo”.

¿Cuál ha sido la última película que has visto?

“’La Piedra de la Paciencia’ (The Patience Stone, 2012) de Atiq Rahimi. Me ha encantado este monólogo de una mujer que trata de encontrar la paz interior en una ciudad asolada por la guerra”.

¿Qué libro tienes en tu mesita de noche en estos momentos?

“Hace unos meses se celebró San Valentín, y estoy releyendo la novela romántica por antonomasia: ‘Jane Eyre’ de Charlotte Bronte”.

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Novedades-Enero 2014: “Algo que celebrar” de Lola Mayenco (¡Disfrutemos la vida!).

Imagen y transcripción de texto: Patricio Sesnich Jr.

Sinopsis-Libro: Editorial Urano.

“ALGO QUE CELEBRAR”.

AUTOR: LOLA MAYENCO.

SINOPSIS-LIBRO:

Todos sabemos que la clave de la felicidad es apreciar de verdad las grandes y pequeñas maravillas de la vida cotidiana. A pesar de ello, cada día dejamos que se nos escapen muchas oportunidades para percibir el milagro de tener sensaciones, pensamientos, sentimientos e intuiciones, estar rodeados de personas, posesiones, animales, plantas y el alma de los muertos, vivir inmersos en los elementos de la naturaleza, en este lugar y en este preciso momento. Los prodigios se suceden uno tras otro, pero permitimos que se nos escurran como arena entre los dedos o, peor aún, ni siquiera los vemos.

Por suerte, existe una forma muy sencilla de curar nuestra ceguera y volver a darnos cuenta de que “La vida no es sólo un placer, sino una especie de privilegio excéntrico”, como escribió G. K. Chesterton. Consiste en recuperar el arte de celebrar, una de las prácticas más antiguas del ser humano que, sin embargo, la mayoría de nosotros apenas experimentamos en su versión más superficial y rutinaria.

Para ayudarnos a cultivarlo, la periodista Lola Mayenco nos acompaña en un fascinante recorrido por las fiestas tradicionales más hermosas y significativas del mundo. En Japón y en la India, en las grandes ciudades y en los poblados más pequeños, en las cumbres nevadas y a la orilla de la playa, conoceremos a personas dispuestas a compartir con nosotros los secretos de una actividad que logra que lo ordinario se vuelva extraordinario. Junto a ellas, encontraremos la inspiración que necesitamos para dar un sentido más vibrante, alegre y consciente a nuestra propia existencia. Descubriremos que, por muy duro que sea nuestro día a día, siempre hay algo que celebrar. Y tomaremos conciencia de que el simple hecho de estar vivos, aquí y ahora, es ya una auténtica fiesta.

Disfrutémosla.

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